Hola, mi nombre es Amalia, aunque siempre me dicen Mala…
Y no es gratis, porque yo nunca me gano ni un chicle. Rifas, sorteos, concursos… nada. Por eso, el día que gané algo, pensé:
“¡Ganéeeee! ¡Por fin!”
Y sí, gané… pero una estafa.
Todo empezó en un centro comercial.
Un stand súper bonito, personas bien vestidas, un aviso gigante de una supuesta agencia de viajes ofreciendo un viaje
al Caribe con todo pago. Solo había que jugar un “raspe y gana”. Yo raspé sin mucha fe… y cuando vi el premio casi salto.
“¡No puede ser! ¡Me lo gané!”
Me emocioné tanto que no me pregunté nada. Ni cómo. Ni por qué. Ni a cambio de qué.
En medio de la felicidad me dijeron: “Solo necesitamos unos daticos para enviarte los tiquetes”.
Y yo, feliz, entregué mi número de cédula, mi celular… hasta el número y código de seguridad de mi tarjeta.
En mi cabeza solo estaba el viaje, la playa, el mar. Pensé: “Esta es mi señal, por fin me tocó algo bueno”.
Ese mismo día llegó la primera notificación al celular. Una compra que yo no hice.
Después otra. Y otra más. Sentí que se me
